Autor I Director

En el pueblo se dormía la siesta. Yo prefería leer. Eso me calmaba. Cuando con la lectura no me bastó, empecé a escribir mis propias historias. 

No sé muy bien por qué pero a mis diez años me mandaron a Quilmes, a la casa de mis abuelos. Estuve unos meses ahí. Mi abuela Elsa descubrió mi pasión por la escritura y cada tarde me sentaba frente a la máquina de escribir de mi abuelo Purre a que tecleara sin cesar. Eso me cansaba y me hacía feliz. Los cuentos que escribí en esos meses mi abuela los guardó en una carpeta que con el tiempo se perdió.

A los veintiocho años volví a escribir con la voracidad con la que lo hacía de niño. Cambié los cuentos por las obras teatrales y desde ese momento he escrito (y dirigido) una quincena de espectáculos.